COMO DEJAR DE SENTIRSE UN IGNORANTE A TRAVES DE UNA SIMPLE DECISION

“Todos somos muy ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”.

Albert Einstein

 

Muchas veces creemos que los ignorantes son los otros.

Y ahí es donde empiezan los problemas, o al menos parte de ellos.

Nos gusta sentirnos inteligentes e inquietos, astutos, originales, jueces implacables de los demás, nos deleitamos replanteando grandes preguntas detrás de detalles menores o pequeñas cosas.

Observar, pensar que nadie hizo lo que nosotros nunca jamás, decir “interesante” y poner esa cara de estar resolviendo una ecuación diferencial compleja de alto grado, son conductas habituales, falsos atajos, solo trampas hacia nosotros mismos.

Como nos creemos tan inquietos, decía, también necesitamos convencernos que estamos continuamente informados.

Un tsunami de noticias acude a nosotros desde el Smartphone segundo a segundo, esté prendido o apagado.

Lo que antes era un teléfono que solo servía para comunicarse con otro aparato similar, ahora es un continuo de datos y opiniones que desborda en todo momento por diferentes vías y medios para seducirnos sin descanso.

No acepta infidelidades ni competencia en la economía de la atención.

Y lo que es una poderosa herramienta, a la vez nos convierte en los mayores ignorantes de la historia de la humanidad .

Si pasamos solo un par de horas sin interactuar, la actualidad acumulará tal cantidad de “noticias de última hora” que angustia sólo pensar lo que nos perdimos, entonces se abre la fábrica de excusas y la imposibilidad de recuperar ese pasado ignorado, sea real o virtual.

Por si eso no fuese suficiente, en ocasiones incluso quedamos atrapados en uno de los mejores inventos de la nueva era, “los enlaces”, que nos llevan a cualquier sitio sin saber bien cómo ni por qué llegamos hasta allí, recorriendo sin sentido hacia adelante y hacia atrás páginas de “diarios” o “revistas” que no compraríamos.

Estamos tan confundidos, que a veces hasta gustosamente les “pagamos” con el acceso a nuestros datos más personales, – invaluables por cierto -, con la ilusión de amortizar gratuitamente así la inversión que realizan en mantenernos “informados”.

Invertimos mucho tiempo en esto, y cuando pensamos que ya estamos actualizados al detalle, aparecen “los suplementos”.

Seguro que ahí está lo que no nos podíamos perder.

Y empezamos de nuevo el ciclo, pero faltan más “secciones”.

Y ahora qué hacemos con los que no llegamos siquiera a abrir?

Cuando estamos supuestamente actualizados, pensando que finalmente la última versión de nosotros mismos está informada al segundo…comprobamos que existió esa entrevista, película, libro, programa de televisión de mediáticos que nos perdimos y encima nos damos cuenta de que todo el mundo sabe y habla de ello.

Somos nuevamente los ignorantes y ahora encima…los ignorados, los excluidos del diálogo.

Y comprobamos una vez más que lo que estuvimos viendo no fue nunca lo relevante y nos dedicamos a escuchar con falsa humildad el “saber” de otros más o mejor informados.

Una vez más no la acertamos ni dimos en el clavo.

Es momento de asumir la herida narcisista de los nuevos tiempos, y no es otra que en esta carrera siempre estaremos por detrás, por debajo, retrasados, evidenciando un límite real.

Seremos ignorantes de tiempo parcial, e indefectiblemente ocuparemos ese rol.

Miremos la industria, los grupos mediáticos, los formatos de comunicación, esas empresas privadas, organizaciones e instituciones que nos venden lo que nos quieren vender, son un “oligopolio de conversaciones” en manos de muy pocos, los que deciden lo que se supone nos tiene que importar para que a ellos sus números y métricas de éxito les cierren.

 

Cómo dejar de sentirse un ignorante a través de una simple decisión no es tan difícil, pero hay que tomarla, elegir un par de neuronas y darles la responsabilidad de discernir entre lo que nos da igual, lo que no nos interesa y lo que no queremos saber.

Tomemos la iniciativa irrenunciable qué no nos interese lo que alguien decide y que no nos importe tanto como para ponerlo en “tapa” si no es relevante para nosotros.

Y ahora que te dije cuál puede ser la alternativa, no quiero saber nada que no tenga que ver con el valor de la propia decisión.

Sí, ya lo sé, de esta manera quizás igual acabemos aún más desinformados.

Puede que hasta más ignorantes si no nos sabemos administrar.

Pero te garantizo que no más incompletos e infelices que hasta hoy.

Conversemos!

COMO DEJAR DE SENTIRSE UN IGNORANTE A TRAVES DE UNA SIMPLE DECISION

Javier Joison

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