Dante Alighieri – LA VIDA NUEVA – La Vita nuova – XXVI

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La Vita nuova (Vida nueva) es la primera obra conocida de Dante Alighieri, escrita entre 1292 y 1293, poco después de la muerte de su amada Beatriz. Consta de 42 capítulos en los que se alterna poesía y prosa. El sentido del título viene dado por la renovación vital que experimenta el poeta al enamorarse de su amada.
Muéstrase tan hermosa y recatada
la dama mía si un saludo ofrece
que toda lengua, trémula, enmudece
y los ojos se guardan la mirada.
Sigue su rumbo, de humildad nimbada
y al pasar ella su alabanza crece.
Desde los cielos descender parece
en virtud de un milagro presentada.
Tan amable resulta a quien la mira,
que por los ojos da un dulzor al seno
que no comprenderá quien no lo sienta.
Y hasta parece que su boca alienta
un hálito agradable, de amor lleno,
que va diciendo al corazón: “¡Suspira!”
Tanto gentile e tanto onesta pare
la donna mia, quand’ella altrui saluta,
ch’ogne lingua devèn, tremando, muta,
e li occhi no l’ardiscon di guardare.

Ella si va, sentendosi laudare,
benignamente d’umiltà vestuta,
e par che sia una cosa venuta
da cielo in terra a miracol mostrare.

Mostrasi sì piacente a chi la mira
che dà per li occhi una dolcezza al core,
che ‘ntender no la può chi no la prova;

e par che de la sua labbia si mova
un spirito soave pien d’amore,
che va dicendo a l’anima: Sospira.
XXVI
La gentilísima mujer de quien anteriormente he hablado era tan
admirada por las gentes, que cuando iba por las calles corrían todos a
contemplarla, lo cual me alegraba sobre manera. Y cuando ella estaba
cerca de alguien, tanta honestidad infundíale en el corazón, que no osaba
levantar la cabeza ni responder a su saludo: muchos que experimentaron
tal influencia podrían abonarme ante los incrédulos. Coronada y
vestida de humildad pasaba ella, sin mostrar vanagloria de lo que veía y
oía. Y cuando había pasado, decían muchos: «No es una mujer, sino un
hermosísimo ángel del cielo.» Otros decían: «¡Qué maravilla! ¡Bendito
sea el Señor, que tan admirables obras produce!» Mostrábase, en efecto,
tan bella y colmada de hechizos, que quienes la miraban sentíanse

invadidos por una dulzura tan honesta y suave, que no podían expresarla,
a más de que al principio se habían visto obligados a suspirar.
Estos efectos y otros más admirables producía mi amada, por lo
cual yo, pensando en ello y queriendo volver al estilo de su alabanza,
decidí escribir unos versos en los que diese a entender sus admirables y
excelentes influencias, no tan sólo para dirigirlos a quienes podían
verla en la realidad, sino para los demás, a fin de que procuren saber de
ella lo que las palabras no pueden entender. Entonces compuse este
soneto, que empieza: «Muéstrase tan hermosa y recatada.»

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