Es la humanidad que lucha, aspira y sufre, a quien se le ha confiado la tarea y, hermano mío, la humanidad es apta para esa tarea.

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Habiendo invocado los tres aspectos o poderes de la Mente, del Amor y de la Voluntad, en las cuartas tres líneas tenemos indicio del arraigo de todos estos poderes en la humanidad misma, en “el Centro que llamamos la raza de los hombres”. Aquí y sólo aquí, reside la promesa del futuro y su esperanza y oportunidad. Aquí y sólo aquí, todas las cualidades divinas —en tiempo y espacio— pueden expresarse y cumplirse; aquí y sólo aquí, puede verdaderamente nacer el amor, actuar correctamente la inteligencia y la Voluntad de Dios demostrar su buena voluntad efectiva. Por intermedio de la humanidad, sola y sin ayuda (excepto por el Espíritu divino que existe en cada ser humano), puede “ser sellada la puerta donde se halla el mal”. No es Sanat Kumara que sella esa puerta; no es la Jerarquía que obliga al mal a retroceder al lugar de donde vino.

Es la humanidad que lucha, aspira y sufre, a quien se le ha confiado la tarea y, hermano mío, la humanidad es apta para esa tarea.

Por el claro pensar, el pensamiento dirigido y la percepción mental, las energías espirituales pueden convertirse en objetos del deseo humano. Las ideas son simplemente canales para las nuevas y deseadas energías divinas; los ideales son estas ideas cambiadas o reducidas a formas mentales y así presentadas al público. Las ideas telepáticamente se convierten en ideales, que es otra manera de expresar la antigua ley, “la energía sigue al pensamiento”.

Nadie puede emplear esta Invocación o plegaria para obtener iluminación y amor sin causar profundos cambios en sus propias actitudes; la intención de su vida, el carácter y las metas, cambiarán y alterarán la vida y la harán espiritualmente útil.

“Como el hombre piensa en su corazón así es él”, constituye una ley básica de la naturaleza, por lo tanto, la constante orientación de la mente hacia la necesidad de luz y la perspectiva de iluminación no pueden ser ni serán ineficaces.

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Una respuesta a Es la humanidad que lucha, aspira y sufre, a quien se le ha confiado la tarea y, hermano mío, la humanidad es apta para esa tarea.

  1. Iris Zöllner dijo:

    Para y por la Humanidad.

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