La ceguera constituye el preludio de la iniciación

La ceguera constituye el preludio de la iniciación en cualquier grado que sea. Durante la última y más elevada iniciación llega a su fin la “tendencia a la ceguera”. La ceguera es natural, innata, inevitable e impenetrable, en las primeras etapas de la evolución. Durante edades el hombre camina en la oscuridad. Luego llega la etapa donde la ceguera normal constituye una protección, pero también entra en una fase donde puede vencerla. La ceguera a que me he referido, técnicamente hablando, es algo diferente. En cuanto al ser humano obtienen la primera tenue vislumbre de ese “otro algo”, y se ve a sí mismo como yuxtapuesto a esa realidad distante e imperceptiblemente sentida, la ceguera mencionada es algo impuesto por el alma al apresurado aspirante, a fin de que las lecciones de la experiencia consciente, del discipulado y posteriormente de la iniciación, puedan asimilarse y expresarse correctamente; por su intermedio se protege el apresurado buscador contra un rápido y superficial progreso. Lo que espera descubrir el Instructor interno, y posteriormente el Maestro, es hondura y un profundo “enraizamiento” (si puedo emplear tal palabra), y la “ceguera oculta”, su necesidad, su inteligente manejo y su ultérrima eliminación, forman parte del programa impuesto al aspirante.

2. La ceguera oculta es inducida espiritualmente y oscurece la gloria y la prometida realización y recompensa. El discípulo debe depender de sí mismo. Sólo puede ver su problema, su pequeño campo de experiencia y su -para é1- débil y limitado equipo. La belleza de lo inmediato, la gloria de la oportunidad presente y la necesidad de abocarse a la tarea y al servicio, constituyen la recompensa para seguir adelante en la aparentemente impenetrable oscuridad. (18-170) 3. De esta manera los velos cumplen su cometido; la ceguera nutre y protege, siempre que sea innata y natural, impuesta por el alma o espiritualmente engendrada. Si ha sido ansiosamente autoinducida, si constituye una excusa por el conocimiento adquirido, si es asumida a fin de evitar responsabilidad, entonces penetra el pecado y surgen las dificultades, y todos ustedes deben protegerse de esto. (18-172) 4. El discípulo que progresa no pasa a nuevas zonas o campos de percepción como si lo hiciera continuamente de un plano a otro (según lo indican los símbolos visuales de la literatura teosófica). Por lo tanto se ha de captar que todo lo que ES se halla siempre presente. Lo que interesa es el constante despertar hacia aquello que eternamente Es y siempre está presente en el medio ambiente, pero del cual el individuo es inconsciente, debido a su miopía. El Reino de Dios está presente en la Tierra y siempre lo ha estado, pero sólo algunas personas conocen sus signos y manifestaciones. (

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